El agua, junto con el oxigeno, es el componente natural más importante para el desarrollo y conservación de la vida, no solo de la especie humana sino de todas las manifestaciones de aquella "dilación en la difusión o dispersión espontánea de la energía interna de las
biomoléculas hacia más microestados potenciales”[1].
Todos los seres vivientes de este planeta,
necesitan del agua para vivir; muchos de ellos en exceso y otros en muy poca
proporción; pero es igual, el agua es importante para todos. Desde la biología,
se ha explicado que el cuerpo físico, en la mayoría de los seres vivientes,
está compuesto por más del 50% de agua, por lo tanto requieren de este vital
recurso para poder seguir en el camino de la vida.
Desde esta perspectiva, la sostenibilidad del agua,
no solamente debe hacerse pensando en el bienestar del género humano, sino de toda la vida misma, y para ello, es
necesario velar por la descontaminación y la no contaminación de arroyos, ríos,
lagos, etc., en general, de todos los ecosistemas acuáticos, es decir, se debe
procurar por la salud del agua en todos sus estados físicos, si se quiere
preservar la vida; pero el género humano se ha especializado en matar el agua,
lo que significa matar la vida.
Matar el agua equivale a desviar el cauce de los
ríos, secar los humedales, contaminar
los acuíferos, etc., esto significa, principalmente, no solo destruir
pesquerías, talar los bosques, y acabar con otros recursos imprescindibles para
la vida de millones de personas, sino que implica literalmente quebrantar la
salud de comunidades biológicas enteras que beben esas aguas y que viven en
estrecha relación con la naturaleza.
La grave crisis de insostenibilidad que hemos
provocado en nuestras reservas de agua, lleva a poner en máximo riesgo el
futuro del planeta; aun así, países potencia, apoyando grandes empresas,
multinacionales, quieren seguir devorando lo que queda de la gran casa, a
sabiendas que ellos también perecerán frente a los grandes males que le
ocasionan al ambiente; impresiona la sordera de éstos, frente a los duros y
alarmantes gritos de los pueblos que ruegan por su derecho al agua saludable;
o, ¿será que solo ellos, los desarrollados y bien acomodados, tendrán derecho a poseer ríos y lagunas saludables mientras
que los pobres y marginados deberán aceptar aguas contaminadas y envenenadas?
La falta de salud en nuestros ríos y depósitos
acuíferos, se ha convertido en asesina de los pueblos, pues son muchos los
niños y adultos que muren por ingestión de agua contaminada; falta sensibilidad
en las grandes empresas contaminantes y en también faltan procesos de educación
ambiental en todas las personas de los barrios populares, pues ellos han
convertido las riveras y lechos de las quebradas, urbanas y rurales, en nuevos carrascos,
al depositar allí, muebles viejos de salas y otros cachivaches en desuso, botaderos
de pañales, depósito de escombros, residuos de comidas, ignorando, que más
abajo, otras personas, animales y plantas viven del caudal de estos “manantiales de vida”; debemos,
entender, todos, que los ríos son mucho más que simples canales de H2O y que
pertenece, no solo a los humanos, sino a
todos los seres vivientes del planeta.
Cada uno debe sentirse propietario de las fuentes
hídricas, y como tal, cuidarlas y velar por su conservación, en cantidad y
calidad; y antes que, groseramente alegar el derecho a deshaceros de lo que no
nos sirve, arrojándolo indiscriminadamente a las cañadas y otros espacios
naturales, aceptemos el reto colectivo de mantener saludablemente los caudales
que la sabia naturaleza ha puesto a nuestra disposición para el bienestar de todo y de
todos, evitando a toda costa, así sea mediante el uso de la ley, el hidrocidio
que crece por falta de pertenencia con el elemento que nos mantiene con vida,
el agua.
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